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Lilia Perrone, el inicio de un vuelo o el camino hacia la
senda interior
La escultura de Lilia Perrone se constituye en sí misma, para sí misma y
para los demás como un vehículo de comunicación, como la senda a seguir
hacia el camino interior de cada uno.
Es una creadora que indaga en las perspectivas de la vida que nos conducen
hacia la verificación de evidencias, de sendas que compartimos en los
caminos y vericuetos gracias a la causalidad.
Una evidencia que descansa en el hecho de que la materia, al transformarse,
se convierte en parte de un símbolo que va hacia la consecución de metas que
nos permiten abrir constantemente puertas que nos conducen hacia la senda
interior.
La creadora argentina se involucra en la fuerza de la existencia a partir de
materiales que se vuelven maleables, que son partes de un todo en
movimiento, porque no hay nada estático, no existe el hieratismo, dado que
la vida misma es parte de un entramado siempre en constante flujo. De ahí
que su creación se haya vuelto más sutil dentro de lo expresivo, buscando la
posibilidad de expandirse hacia la determinación de las ideas que fortalecen
una actitud clara ante la vida.
Indaga en lo interior a partir de símbolos que construye a modo personal,
sin que por ello, renuncie a la sabiduría ancestral que los sustenta, pero a
los que les nutre de actividad y de energía, permitiéndose cambios en su
estructura para fortalecer la necesidad de ir hacia la expresión de aquello
que es más evidente que lo que vemos en la formalidad habitual pero que no
alcanzamos a vislumbrar del todo.
Huye del maya o ilusión desbocado, se instala en el movimiento, hasta
alcanzar momentos e instantes en los que sus formas son claramente, están
decididamente, ancladas en la actividad de lo que se determina en lo más
hondo del conocimiento, que es la constatación de que lo que existe es lo
que es en sí mismo.
Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA)
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