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Críticas

 

 

Lilia Perrone , 2006-2008, gesto, interiorización, conexión, postura femenina, actitud del hombre
 

 

 

Lilia Perrone profundiza en lo más hondo de sí misma a través de su producción escultórica, escuchándose, buscando en el pliego, los gestos, la transición de las formas, en la delicuescencia de las mismas, un atisbo de cambio, una chispa que es parte de la energía que está en plena ebullición.


En este período (2006-2008) sigue empleando la formulación de lo profundo a partir de la terracota, material que le permite comunicar con austeridad con sensaciones y sentimientos como la soledad y la implantación de la ley del silencio interior.


Pensamientos intercomunicados, sueño, vigila, realidad, pensamiento, subconsciente, inconsciente, viaje hacia los diferentes estados.


Nos intercomunicamos a través del laberinto, de la pléyade de laberintos, de la multitud de estadios y de existencias. En realidad somos el resultado de múltiples variaciones en un contexto de sutil perseverancia.


La fuerza de la palabra, y primero fue el verbo, la palabra como ente que materializa la vida, reflexionando sobre la incomunicación, el silencio y la falta de conexión con la pareja.
La palabra como el alfa y el omega, como el principio y el fin. El canal que hace fluir la existencia, que permite concretar los sueños y las aventuras de una vida más avanzada.
Camino interior, sufrimiento, del dolor a la consciencia de que estamos vivos, de que nuestro interior sana, trasciende y nos permite avanzar con la determinación de quien se sabe poseedor de una actitud que va más allá de las circunstancias.
Necesita interiorizarse para superar el dolor, para ir más allá de lo que está permitido, dado que tiene que trascender los fallos humanos, sumergiéndose en la verdadera existencia espiritual que le permite volver a nacer.


En este período Lilia nos describe una clara evolución, un claro culto a la mujer y sus circunstancias.


Busca la liberación después de una mala situación, de una falta de amor. El camino interior la libera de los prejuicios y le muestra el sendero de la liberación en todos los aspectos. La mujer se conecta con el yo superior y ve el camino, alumbrando el universo entero y el hombre la contempla.


Mujer en fuga, negación, pero, a la vez, asunción de sus propios deberes, encuadrándose, después, en los estadios del alma, aquellos que le permiten ver sin necesidad de cortapisas en todos los sentidos, que todos somos uno.

 

 

 

Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA)

 

 

 

  

 

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