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Expone
escultura de diversos formatos en la calle Principado de Asturias, 28, en el
Centro Cultural de las Rozas ‘Díaz Caneja’, del 17 de abril al 15 de mayo de
2008.
Luis Guerrero, la dinámica
de la materia y la esencia del compromiso
Luis Guerrero expone esculturas caracterizadas por su primitivismo, pero,
también, por su impronta y fuerza, como, por ejemplo, sus toros o sus
abstracciones más expresivas. Normalmente trabaja la talla de madera, a la que
le somete diferentes pulimentos, respetando sus accidentes.
Cree en la casualidad y el destino, se lanza a la aventura, dentro de su
determinación realista castellana.
El creador conquense exhibe en el Centro Cultural de las Rozas ‘Díaz Caneja’,
del 17 de abril al 15 de mayo de 2008 obra escultórica de diferentes temáticas,
pero, dentro de planteamientos biológicos, formas orgánicas, representación de
iconismos que van directos a una realidad que el artista transforma en evidente,
pero dentro de su particular forma de plantear su obra.
Predomina la forma orgánica,
lo biológico, la presencia de formas que recuerdan a la vida. Alusiones a la
maternidad, a la bravura del toro, a la figura femenina considerada como patrón
del desarrollo. Todo concienzudamente estructurado con naturalidad, exhibiendo
fortaleza y evidencia, determinación de la curva, con algunas líneas rectas, que
no son agresivas, pero sí consecuentes.
No es agresivo, no indaga en lo expresivo, sino que busca el contraste porque
parte de la premisa de que, a partir de la unión de contrarios, se fomenta la
energía. Exhibe una potencia energética que parte de prestaciones que son
consecuencia de lo experimental de su concepto.
Enlaza con la idea de la materia está sujeta a cambios y variaciones constantes.
Es decir que su discurso escultórico gira en torno a la dinámica de la materia,
buscando la esencia del compromiso con la propia existencia.
La materia cambia, porque todo es movimiento, dado que la vida en un gran ente
vivo que lo engloba todo. Incluido el cosmos y el universo entero.
La suma de todo es el todo y, por lo tanto, las partes están en el todo.
Cada planeta y cada galaxia se encuentran en movimiento, con leyes universales
que rigen par unos y para otros no. Por eso el artista conquense parte de una
posición que va de la dinámica determinante, de lo biológico como punto central,
de la prestancia como fomento de lo puro, a partir de la cual, vuela,
desarrollando energías diversas, que se entrecruzan, que interactúan, que bailan
con belleza, que se instalan en la esencialidad de lo perfecto.
La perfección no existe, pero hay que buscar su rastro y, que mejor que indagar
en lo orgánico, en permitirse captar formas bellas, evidentes, constatables
para, luego mostrar la esencia de lo alcanzado, que es la belleza insustancial.
De la materia al espíritu pasando por el desarrollo de la dinámica vital y la
acepción del compromiso con la velocidad del momento, del vivir el instante con
la coherencia del escultor que ama la vida como parte de su propio yo interno.
Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte
(AICA) |