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Del 16 al 31 de marzo de 2007 exhibe pintura y escultura en el Palacio de Congresos de Madrid

 

Roberto Dell’Acqua, escenarios pasionales de barroco triunfador

 


Roberto Dell’Acqua (Legnano, Italia, 1957) se formó primero como arquitecto, y, desde hace años, se concentra exclusivamente en la creación de pintura y escultura.

Estudia en la Escuela de Bellas Artes de Brera, periodo 1972-1976, años en los que frecuenta los estudios de numerosos artistas milaneses, siendo Enrico Baj uno de los creadores que más profunda huella le deja.
Exhibe en su pintura y escultura una intensa escenografía con un destacado barroquismo de elementos en los que sobresale el color como elemento de contraste.

Su obra es teatral en el sentido escénico, elaborada con unas proporciones en las que concede gran importancia a la materia, pero también a la capacidad vehiculatoria de personajes y temáticas. Los personajes le muestran nuevos caminos, que parecen externos, es decir surgidos de la apariencia, cuando, son producto de la asimilación de ideas a nivel interior. No tiene un claro culto por la visión trascendente, sino que se interesa por expresar la consistencia del ahora.

Describe escenas, momentos, instantes, pero, también, desarrolla situaciones específicas que se funden en la tradición, o bien en el estudio de la catarsis de la definición artística, la influencia de conceptos e ideas creativas, surgidas al calor de sus investigaciones, que el artista aglutina e incorpora.

Sincrético, busca la exhuberancia, no solo a través de colores de gran viveza y contraste, sino también en la manera con que emplaza materiales y elementos.

Estudia con minuciosidad la composición, en la que ubica elementos armónicos o bien otros que los convierte en armonía, dentro de planteamientos en los que el color es especialmente atractivo.

Contemplamos en muchas de sus creaciones una clara intensidad fauvista, reflejos de una obra que oscila entre la alegoría y el análisis del momento, en la que dialogan la gran anuencia del dibujo y la predisposición cromática.

En la selección de obras que exhibe en Madrid destaca su diversidad de temáticas, la influencia de lo misterioso, la magia, la ascendencia de lo enigmático de Ananda, los balcones barrocos, la sutileza de Dominguin, casta, misterio de lo conocido histórico.

Se distancia y se aproxima a la vez a los escenarios pasionales, en los que el barroquismo triunfa y el color se intensifica hasta el punto que se implica con el sentido de los sentimientos que expresa.

Su plasticidad es, primero, pasional, luego sensible, para, a continuación, emplazarla de tal forma que parece ajena a ellos. Establece, en consecuencia, un diálogo continuo entre la dinámica del acontecer, es decir del ser aquí y ahora, que es, en su caso, la plasmación de los elementos y las temáticas, con la manera con que aborda la interconexión de la trascendental senda que nos guía a través del laberinto del fauno.
 

 

 

Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte 

 

  

 

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